Editorial Novaro tiene, sin asomo de duda, un lugar muy especial en el corazón e imaginario de mi generación, y es que muchos de nosotros pudimos conocer infinidad de personajes de cómics norteamericanos en lengua castellana, gracias a las ediciones que puso a nuestro alcance durante los treinta y cinco años de vida de la editorial.
Como un máximo exponente en materia de historietas y cómics, las ediciones de Novaro gozan actualmente de un lugar especial en el mercado de coleccionistas, existiendo grupos especializados en compra-venta de ellas para llenar huecos en colecciones de aficionados, estudiosos y nostálgicos de todo el continente.
Jorge Gard, en su Libro Cuando Bruce Wayne se llamaba Bruno Díaz (Diábolo Ediciones. 2016, Madrid, España) nos guía por un recorrido en esos años de infancia y de personajes entrañables.
El autor nos presenta su carta de amor a la editorial, pues muchos de los títulos y personajes que conoció y cuyas aventuras disfrutó en revistas, se convirtieron, como él mismo nos cuenta, en “pedazos de su infancia” –¡y de muchos de nosotros!–.

Desde que Sociedad Editora América S.A (SEA) comienza su andar en el mercado de los “Pepines” y “Paquines” el autor pasea por la historia de las compañías, cuya fusión daría más tarde un lugar al imperio editorial que publicaría en toda América Latina y España.
Revisamos el aluvión de títulos que se editaron de diversos géneros, los cuales iban desde el terror, la ciencia ficción y lo romántico, hasta superhéroes y didácticos; pasando por infantil, western y aventuras, con algunas adaptaciones de series y películas exitosas de la época.
Lleno de reproducciones, de las portadas con los títulos publicados por la editorial en sus distintas épocas, podemos recordar títulos como: La zorra y el cuervo, La pequeña Lulu, Cuentos de misterio, Domingos alegres, Archi, Tarzán, Periquita, Susy secretos del corazón, El gato Félix, Cuentos de Walt Disney, Super ratón, Supermán –Así, con acento – Batman, Titanes Planetarios, Clásicos del Cine, Historias Fantásticas, Maravilla, entre cientos más.
Cabe mencionar, que el tema entorno a las traducciones de los nombres que en la obra se toca brevemente, es algo digno de otra nota que espero se pueda realizar pronto.
Novaro cerró sus puertas en 1985, y con ello deja “huérfanos” a quienes seguían sus revistas, algunos de los huecos dejados en el mercado editorial son llenados por otras editoriales, tal es el caso de Grupo Editorial Vid, pero el legado de Novaro es enorme e irrepetible.
Lo cierto es que quienes leímos algunos títulos de Novaro, sabemos de ese sabor especial que tenía el ir al mercado y gastar nuestro domingo comprando las ediciones del día, o leerlos mientras esperábamos turno en la peluquería del barrio. Cuando Bruce Wayne se llamaba Bruno Díaz es un libro que nos transporta a esos años, para poder sentir de nuevo la emoción del “Continuará…”.





