
Japón es un país insular del este de Asia, compuesto por 6852 islas, cuya cultura ha seducido al mundo, pues tienen un entendimiento del universo y de la vida distinto al occidente. Con gran tradición erótica, Japón ha entremezclado lo sugerente y lo sutil, con los elementos eróticos que caracterizan la vida cotidiana. Un ejemplo de esto es el arte de la atadura erótica, llamada Shibari, que tiene toda una historia y que va más allá de simplemente amarrar a una persona. Sin embargo, esta práctica ha generado gran controversia, y más en nuestros tiempos, por la subjetiva concepción de lo que puede ser o no violento.
El Shibari es una combinación de cosas. Para la persona que es atada, representa la estimulación por parte de las cuerdas sobre su piel, incluyendo puntos sensibles y zonas erógenas; haciendo que se sienta acariciada, empujada o manejada. También implica la sensación psicológica de sentirse indefenso y a la merced de otra persona, frente a la relajación y confianza que existe entre ambas personas, el que se deja amarrar y el que lo hace. Pero esto no se queda solamente aquí, ya que tiene una gran carga estética. La disposición de las cuerdas realza o subraya las formas de la persona atada y la misma soga y sus nudos adquieren un aspecto decorativo.

La cultura japonesa se caracteriza por su habilidad de ritualizar actos cotidianos y el Shibari es un ejemplo, pues histórica y tradicionalmente los japoneses han utilizado la cuerda como un elemento habitual. Ejemplo de esto es la tradición del Hojojutsu, arte marcial que enseña a utilizar cuerdas para capturar y atar prisioneros. Desde esa práctica existían los diferentes patrones de las ataduras, que variaban según la clase social, el delito cometido o el castigo que le estaba reservado. Otro ejemplo, es el trabajo que, desde el periodo Jomon (del 14500 a. C. hasta el 300 a. C.), se hacía para envolver la alfarería, donde utilizaban sogas de yute con hermosos patrones.
No fue sino hasta el siglo XIX y bajo la influencia del pintor Itoh Seiyu, que el uso de la cuerda se trasladó al campo del erotismo. Él fue transformando las ataduras de Hojojutsu hacia el terreno del placer. Las cuerdas que antes presionaban los nervios para causar dolor pasaron a buscar las zonas erógenas y el amarre cambió para que no se apretara al forcejear. Esto incluyó la atención y preocupación de que las ataduras no causaran ningún daño y que al contrario, produjeran gran placer al que estaba siendo amarrado. Así se da la unificación de la corriente BDSM con esta práctica del amarre.

Por otro lado, el que realiza los amarres es conocido como “Nawashi” que significa “maestro de la cuerda”. Para ser un Nawashi, no solo se necesita gran dominio de la técnica, sino en mayor importancia un sentido de la estética y gran capacidad de comunicación con la persona que trabajará y será objeto del amarre. Cada vez se ha vuelto más llamativa esta práctica, gracias a la espectacularidad que el mismo acto representa; pues los nudos, la colocación de las cuerdas sobre el cuerpo, el trabajo que puede ser sobre el suelo o su evolución, haciendo que el cuerpo quede suspendido, sostenido solo por las cuerdas, hace que no solo se realice como un acto íntimo, sino que ahora se pueda ver en el campo de la fotografía y del show business.


