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Juan Carlos & Black Hat

Esta historia inicia el día que cumplí quince años. Había pasado el verano descubriendo mi voz, cantando covers de Bon Jovi y Led Zeppelin con mi mejor amigo. (Descubriendo también que a las chavas la música les gustaba. Desde entonces un motivador ineludible). El día de mi cumpleaños, mi amigo y yo conspirábamos y cantábamos como siempre, pero él traía algo más bajo la manga: un fragmento de una canción nueva. Comenzamos a cantar, al principio de manera tentativa, intentado melodías y palabras, poco a poco agarrando confianza hasta que, sin más, en cuestión de un par de horas, la terminamos.

¡Si pudiera describir la emoción que sentimos! No parábamos de tocarla, maravillados de estar escuchando algo que nadie había escuchado antes…una canción nuestra. Ni siquiera entendíamos cómo lo habíamos logrado. La grabamos en un par casettes y le pusimos “Better than this”.

Comenzamos así a buscar los sitios donde habitan las canciones. Siempre que nos veíamos intentábamos escribir una o dos nuevas. Yo aún no sabía tocar un instrumento, pero rápidamente me di cuenta que para escribir más canciones tendría que aprender, así que comencé a tocar la guitarra. Como empezábamos a pensar en grande, armamos una banda, Mangos, que rápidamente se volvió popular con nuestros amigos de secundaria y prepa. Tocábamos rock clásico…es más, ¡al principio queríamos ser una banda de covers de The Who! Sin embargo, la emoción de escribir y tocar canciones originales nos fue ganando por completo. Entramos a un concurso de bandas en México, D.F., ganamos, y en uno de los altibajos más grandes de nuestra corta carrera, nos quitaron el premio principal por dárselo a una banda que estaba promocionando una de las disqueras grandes. Fue un golpe fuerte y quedamos desconsolados durante más o menos quince minutos antes de dejarlo atrás. Éramos buenos y nos creíamos mejores, así que seguimos.

Mangos se deshizo cuando los integrantes iniciaron sus carreras universitarias. En mi caso, no estaba seguro que la música fuera algo que se pudiera estudiar propiamente (estaba equivocado), pero sabía que mi llamado era absoluto. No era lo suficientemente bueno como para entrar a un conservatorio, asi que ideé un plan: aproveché mis buenas notas para aplicar a una universidad tipo “liberal arts” estadounidense, de las que si te aceptan, te dejan escoger la carrera que quieras…aunque no tuvieras idea de lo que estabas haciendo. Era perfecto para mi.

Sin embargo, no fue nada fácil. Reprobé las pruebas de aptitud del departamento de música en mi primer día…¡la única vez en mi vida que había reprobado algo! No sabía leer ni escribir música, y me maravillaba que el solfeo fuera siquiera posible. Me decidí a estudiar lo necesario en mi tiempo libre y el próximo año volví a intentar, esta vez exitosamente. Apenas…es más, creo que solo entré gracias a un querido profesor que reconoció que yo tenía un hambre terrible por aprender más, y me dió una oportunidad. La tomé.

Así pasé los siguientes cuatro años, aprendiendo todo lo que podía sobre los misterios de la música. En el proceso, descubrí mi voz como compositor y solista y escribí, grabé, mezclé, y saqué mi primer disco, slow your footsteps, still your voice, tocando todos los instrumentos yo mismo, grabando de noche en los salones de práctica de la uni. Ya no había vuelta atrás.

Fue una época increíble – me uní a la banda de mariachi universitaria y le canté al Mariachi Vargas de Tecalitlán; fui a mi primer concierto avant-garde y me senté con la leyenda del Ethio-jazz, Mulatu Astatke, con quien platiqué de composición (o más bien escuché maravillado!); armé una banda de rock que fue escogida, tocando mis canciones, para recibir a Shakira cuando visitó la universidad. Ella ha sido una de mis heroínas musicales desde que escuché la fiereza de su poesía y de su voz en sus primeros discos. Tocamos una de mis canciones, “Caribbean Wind,” y la llené con referencias a la música de ella, incluyendo una a mis propias caderas que no mienten. Ese concierto y ese encuentro me continúan motivando hasta el día de hoy…al fin y al cabo, ¡dijo que le gustó mi canción!

Cuando por fin regresé a México, traje conmigo la determinación de encontrar mi voz poética en español, mi lengua natal, tras años de tensión creciente por solo escribir en inglés, preguntándome a mi mismo si mi voz no tendría que existir también en la lengua de mi querido México.  Así nació Juan Carlos & Black Hat, mi visión de un grupo que abarcaría todo lo que había hecho hasta ese momento y todo lo que habría de hacer: inglés, español, rock, videos, música orquestral…mi vida artística en su totalidad. Black Hat es mi instrumento, mis amigos, mi apoyo, mis críticos, y mis compañeros en esta aventura. Me encantaría que tú también nos acompañaras.

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  • Responsabilidades

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  • No me dejes así

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